Si arriesgas encontrarás la felicidad aunque el riesgo suponga sufrir. Esto te ayudará a reconocer la verdadera felicidad del sucedáneo.
Existen momentos en la vida en los que sin querer te enamoras. Todos hemos sufrido por amor, nos hemos entregado en cuerpo y alma en una relación que en muchas ocasiones acabó en nada. Arriesgaste tu pequeño corazón y no viste más allá de lo que querías ver, no por ignorancia sino por miedo a perder.
Te crearon falsas expectativas, falsas promesas, falsos “Te quieros” y creíste que era amor. Te hicieron creer que eras una princesa y aprendiste a conocer a las ranas.
Pero todo es aprendizaje, y el primer amor verdadero no se olvida nunca, ese amor inocente de adolescente que te ruboriza todavía hoy en día al pensar en él.
Pero sigues arriesgando, buscando… Ya no a tu media naranja, sino a un compañero de viaje que comparta contigo aficiones, amigos, momentos… Alguien que cuando te toca te eriza la piel, donde exista complicidad y momentos de felicidad. Donde puedas debatir y compartir distintos puntos de vista, discutir y amar.
La felicidad muchas veces la tenemos sobrevalorada porque son momentos en la vida, son instantes, son las risas, la complicidad… son pequeñas cosas que cuando llegas a descubrirlas te das cuenta de lo que significan esos momentos y no el sucedáneo que te vendieron.