“No dejes de creer que las palabras y las poesías sí pueden cambiar el mundo”.
Walt Whithman
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Antiguamente los wiccanos (brujos/as) recogían en el “Libro de las sombras” sus hechizos, sus encantamientos y sus pociones mágicas, cada wiccano y wiccana tenía la obligación de tener su propio libro de las sombras. Eran personas paganas que respetaban a la madre naturaleza y veneraban a la luna. Alimentaban a la madre tierra y cuidaban y protegían todo su entorno.
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Es curioso como con el paso de los años, lo bueno se mantiene y sin darnos cuenta lo seguimos llevando a cabo. Llevo escribiendo desde que tenía 7 años y lo seguiré haciendo hasta que muera, ya que es una de las pocas cosas que heredarán mis hijos y deseo que recuerden a su madre no solo por fuera a través de fotos, vídeos, etc… sino también como era por dentro, como pensaba, como actuaba y que si alguna vez cuando yo falte necesitan consuelo ó ayuda puedan recurrir a mi a través de mis escritos y sientan mi presencia, mi amor y mi apoyo a través de lo que he creado a lo largo mi vida.
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Mi mayor maestra fue la vida misma, la naturaleza me ayudó a superar muchos momentos de soledad, los animalillos silvestres me infundieron ánimo cuando más lo necesitaba, he rescatado infinidad de animales, he jugado con las ubres de las vacas y su leche haciendo guerra con un vecino, apuntábamos con la ubre de la vaca y apretábamos salía un chorro de leche disparado y acabábamos llenos de leche y el dueño de la vaca con un enfado monumental, pero hay que ver lo que nos reíamos.
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También tuve la suerte de sentirme arropada por el mar su sonido conseguía calmarme en los momentos que sentía angustia, la luna me llenaba de ilusión y de nostalgia, el sol me cargaba las pilas y me daba vitalidad, las estrellas eran mis confesoras y mis guías me llenaban de tranquilidad, la arena cuando introducía mis manos en la arena de la playa mientras escuchaba el mar me relajaba una barbaridad, los árboles a los cuales trepaba cuando iba en busca de soledad y para pensar, y sobre todo los perros asilvestrados que fueron en muchas ocasiones amigos incondicionales durante casi toda mi vida. Sin ataduras pero respetándonos y queriéndonos, sus recibimientos con movimientos intermitentes de sus rabos dándome la bienvenida con lametones y restregando sus lomos por mis piernas en busca de una pequeña caricia y buenas palabras. Ellos me enseñaron las principales reglas para ser feliz. El respeto, el cariño y la libertad.
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Todos los libros que he escrito hasta el momento están basados en mis propias experiencias a lo largo de la vida, aunque no todo lo escrito me ha sucedido realmente, algunos escritos son reflexiones realizadas tras una noticia, un sueño ó simplemente un suceso diario al que en un principio no daríamos importancia pero que se convierte en la reflexión del día, como por ejemplo FILOSOFANDO ANDO CON FILO EN EL SOFA, en un tomo anterior.
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Por esta razón hay que valorar todo lo que te sucede al finalizar la jornada, hasta lo más insignificante y dar gracias por todo lo que tienes y por todas las personas que te quieren y que se encuentran a tu lado estén vivas o muertas. Todas ellas merecen tu gratitud diaria aunque sean solo cinco minutos. Pues cada vez que deseas algo con todas tus fuerzas, todo el universo se confabula para que ello suceda y se haga realidad si eres persona merecedora de ello.
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De hecho, de las cosas que más añoro son los besos en la frente de mi abuelita, mientras me llamaba su Reina, el sentarme en el regazo de mi abuelo Juan, mientras me contaba historias en la puerta de su casa. Las rascaditas de espalda y de cabeza de mi tía Mari mientras me llamaba su Maitita y su risa. El trepar a los árboles y quedarme media hora contemplando el paisaje. Rodearme de animales y no tener prisa, …… Parecen cosas insignificantes, pero eran tan importantes para mí que a veces la nostalgia se apodera de mí y hablo con ellos en voz alta y lamento no tenerlos cerca y la única manera de sentirles cerca es cerrar los ojos y recordar. Lo que realmente me da miedo es olvidar los rostros y las voces de mis seres queridos, para no hacerlo recuerdo esas frases que siempre me decían para ponerles su voz.
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Algún día recopilaré todos mis libros y poemas sueltos que tengo por ahí, para que mis seres queridos no me olviden y para dejar alguna huella de que pasé por aquí, de que viví una vida muy plena y satisfactoria. Siempre me he sentido muy querida, río con mucha facilidad y aprovecho los buenos momentos, los exprimo hasta sacarles la última gota, porqué cuando descubres la felicidad auténtica ya no deseas probar la sintética, ni las drogas, ni lo artificial, ….. Nada puede igualarla… Si eres capaz de sentir la felicidad en cada poro de tu piel al sentir un aroma, al pasarte andando cuatro horas entre las montañas para disfrutar de un paisaje que solo unos privilegiados pueden ver, si sientes esa felicidad al sentir la brisa del mar en tu rostro ó al recibir un abrazo y un beso, de tus amigos y seres queridos y puedes ser feliz viendo felices a los demás…. todo lo demás sobra, puedes prescindir del resto.
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Todo sobra en este mundo, vivimos con un exceso de equipaje cuando en el fondo todo va y viene. Pero si eres capaz de disfrutar de cada segundo que te da la vida, de cada oportunidad para aprender, si no pierdes la curiosidad, ni la fe en tí mismo. No importa el lugar, ni la gente, ni la casa donde vivas, ni lo que tengas o dejes de tener, siempre serás feliz. Piensa que eres como un caracol, tú, eres tú y tus circunstancias, del resto disfruta, aprende, vive y se feliz.
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Un beso para todo aquel que disfrute de estas líneas.