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NARRADOR

Una flor hablaba sola

muy enojada por cierto

y su compañera de al lado

preocupada le preguntó…

AMAPOLA

¿Qué te ocurre mujer?

¡Si estamos en primavera!

¿Acaso no estás contenta…

de que admiren tu belleza?

NARRADOR

La otra muy enojada

abrió todos sus pétalos

para contestar a su vecina

«Aclaremos, su mejor amiga».

ROSA

No es eso mujer

¿Que a tí no te molesta

estar todo el invierno

pasando la mano por la pared?

Y cuando llega la primavera

lo que no has hecho

en todo un año

lo haces en tan solo un mes.

Vienen los mensajeros

de mi marido el Clavel

y en mi interior

posan el polen, mejor dicho lo dejan caer.

Pero el problema
es que no es una vez
sino una detrás de otra
como si no tuviera… otra cosa que hacer.

AMAPOLA

Rosa mujer ­ le contestó la otra

no tengas tan mal genio

pues al fin y al cabo

el señor Clavel va en serio.

ROSA

¿En serio? ­ Contestó la señora

Rosa no me hagas reír Amapola

que soy yo quien tiene Rositas

y la que las mantiene, no él.

Clavel está a un kilómetro

ni tan siquiera me ve

solo me quiere para sus menesteres

eso… lo sé yo muy bien.

AMAPOLA

No será tanto Rosita,

no exageres, por favor

no sabes la suerte que tienes,

no sabes lo que dices… y luego te arrepientes.

ROSA

¿Que me arrepiento yo?

tú si que no sabes lo que dices

si superas lo que yo sé

opinarías igual o incluso peor.

Que me han llegado rumores

rumores que sé son ciertos

que mi querido Clavel

me puso muy bien los cuernos.

Si mujer no te asombres,

¿No has visto como Azucena

baja ante mí la cabeza?

Piensa que soy ciega,

pero de eso nada Amapola.

¿No te has fijado en sus hijos?

sus hojas son clavadas a las de mi querido Clavel.

Se necesita estar ciega,

y yo ciega no, aunque sí tonta…

tonta por seguir con él.

NARRADOR

Amapola asombrada

miró pausadamente a Azucena

y con voz cautelosa

contestó a su amiga Rosa.

AMAPOLA

El caso es que yo decía…

¿A quien me recuerdan los hijos de «ESA»?

sino hay más que mirarles…

¿Será la tía pelleja?

No te preocupes Rosita

tú eres joven y bella

manda a tomar viento fresco

a tú marido el Clavel.

No debes sofocarte, mujer

que pretendientes no te faltan

tú no tienes la culpa

de que él sea como es.

NARRADOR

Las lágrimas rodaban

por las mejillas de Rosa

y pesadamente contestó

a su amiga Amapola.

ROSA

Tú no sabes lo que es

sentirse vieja y traicionada

y que tú querido marido

te deje por otra…

más joven y guapa

Me siento vieja, amargada

estoy más que cansada

pero esto se acabó

del señor Clavel, ya no quiero nada.

NARRADOR

De nuevo por el horizonte

se ven los mensajeros del Clavel,

van cargados de polen

la señora Rosa los ve.

Conforme ella los mira

sus pétalos se van cerrando…

Ellos ya están llegando

mejor dicho ¡Ya han llegado!.

MENSAJEROS

Señora Rosa, que somos nosotros

los mensajeros del señor Clavel

por favor déjenos entrar

o nos vamos a caer.

NARRADOR

La señora Rosa les contesta

claramente y de una vez

oigamos lo que les dice

a los mensajeros de su marido,

el señor Clavel.

ROSA

Largaos de aquí

no os quiero ni ver

decirle a mi marido

que no quiero saber nada de él.

Que se vaya con Azucena

que le dé sus hijos a ella

decirle que ya no le quiero

que para él, estoy «MUERTA».

NARRADOR

Los mensajeros se van
a dar su respuesta a Clavel.

Clavel llorando

murió al final de pena.

La señora Rosa

que solo le amaba a él

dejó de alimentarse…

muriendo al mismo tiempo que él.

Ninguno de los dos lo supo

si hubieran podido hablar

el problema se hubiera solucionado, tal vez.

Mayte Corman

Nací el 18 de Julio de 1969, crecí en un ambiente muy libre entre artistas y creadores de todo tipo, escultores, arquitectos, restauradores, publicistas, compositores, decoradores y diseñadores, aprendiendo desde niña de ellos y sabiendo que mi ADN lleva la creatividad de serie. Me enseñaron a escuchar, observar y a crear objetos de la nada.

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