(A Mari que falleció el 26 de Febrero del 2002)
Escrita tras su vuelo al Universo.
Me siento triste y vacía desde que ya no estás,
abandonaste este mundo y entre las estrellas te encuentras
pero te olvidaste llevarme contigo a ese viaje sin retorno.
Yo ya no tengo a quien contarle mis batallas, ni mis problemas,
ni tan siquiera con quien reírme de las tonterías que me pasan.
Se que hay personas y personitas que me necesitan,
pero yo te necesito a ti, me desespero pues no puedo llamarte,
ni hablarte, ni besarte, pues ya no te tengo aquí.
He perdido mi rumbo, me faltas tu para ser feliz,
amo la vida, amo a mis hijos y también te amo a ti.
Hecho de menos las comidas de los domingos,
mano a mano las dos en tu casa, como dos solteras cascarrabias,
intentando arreglar un mundo que ahora ya no me importa nada.
Mis auténticos sentimientos guardados conmigo están,
a mi tumba los llevaré conmigo pues no me nace contarlos a nadie más.
¿Dónde estás? ¿Porqué Dios me apartó de tu lado? ¿Porqué ya no puedo darte un abrazo?
¿Dónde está el hombro en el que podía llorar?
A veces la desesperación embarga mi cuerpo, y las lágrimas caen por sí solas,
pero esto ya no tiene remedio, seguiré sin ti, seguiré sola.
Aunque a diario hable con el viento, aunque a ratos parezca feliz,
en el fondo te echo de menos tres mil noches al año,
tres mil días que me quedan por vivir, pero sin ti a mi lado
la vida se me hace cuesta arriba, nadie podrá ocupar tu lugar,
y lo que me desespera es el vacío que no puedo llenar.
Ese número de teléfono al que siempre quiero llamar,
y que me destroza el saber que nadie contestará.
Maitita tiene otra Maitita, como tu querías, es una niña encantadora
Lady Sara como tú la llamabas a dejado de ser bebé ahora es ya una niña,
con el color de mis ojos, como tú querías, con la sonrisa siempre en la boca
mimosa y cariñosa. Una rebelde sin causa, como tu Maitita.
Poco a poco sé, que aunque te seguiré echando en falta superaré este dolor, que pase pronto es lo único que pido, que no me duela más mi corazón.
Pues el trabajo y mis hijos me ayuda muchísimo a no pensar en la angustia interna, pero cuando estoy sola se me encoge cual garbancito mojado, ayúdame a dar de nuevo gracias por ver todas las mañanas la luz del sol, la sonrisa de mis hijos, que aquellos que me conocen no se enfaden conmigo, pues soy especialista en meter la gamba, que la carga que llevo se convierta en una alfombra mágica y me ayude a descubrir mundos nuevos, que se abran nuevas puertas y ventanas, eso es lo único que deseo en estos momentos.
Te quiero María, te quiero y te hecho de menos lo que no está escrito ni aquí ni en el mismísimo cielo.