Sal a caminar cuando estés triste.
Sal a caminar en esos momentos en
el que no puedas más.
Y no importan tus ojos hinchados de
tanto llorar, y no importan tus ojeras,
ni tu nariz colorada, no importa tu aspecto, no importa si tu pelo está hecho un desastre,
no importa si no llevas puesta la mejor ropa.
Sal a caminar y no pienses a quien te vas a cruzar en el camino.
Camina, corre, piensa, desenreda ese nudo de tu alma,
desata tus miedos, quita ese dolor que tienes en el pecho.
Y llora, si tienes que llorar, hazlo.
Y grita, y tírate al suelo, haz lo que puedas y quieras pero desahógate.
Libera ese peso de tu mente, ese dolor fuerte que hay dentro de ti.
Hazlo, libérate y sana todo eso, porque no hay nada más doloroso que quedarse ahí,
ahogado en tus propias lágrimas sin intentar salir a flote.