Nunca olvidas a quién te ha querido y cuando se va, el alma queda hecha añicos. No te vayas, no olvides, no te alejes.
Estamos contigo en tu etapa final de esta vida. 14 años desde que llegaste junto a mi hija. Llegaste a casa con Victor porque un cazador te iba a matar y aquí vives como uno más de nuestra familia.
Nunca podré agradecerte todos los momentos que hemos pasado juntos, cuidando de todos nosotros, poniendo orden entre las perras, disfrutando de tu maravilloso carácter y de tu amor incondicional.
Ahora apenas puedes andar pero haces un gran esfuerzo para levantarte y llenarme de lametazos, me mueves el rabo con cara triste porque sabes que en breve alzarás el vuelo.
No estoy preparada, lo siento, quisiera tenerte toda mi vida, pero la vida es así y sólo me queda agradecerte todos los momentos vividos juntos, todas tus travesuras y ese amor incondicional día tras día.
Te queremos Bongo, muchísimo y estaremos juntos hasta el final. Sigue dándome lametones, aguanta un poco más, para que Victor pueda despedirse de ti cuando venga. Para despedirte como te mereces, como un Gran Jefe que es lo que siempre has sido y siempre serás.
«En nuestra alma perdurarás por siempre jamás.»
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