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Remamos hacia una orilla desconocida tras un periodo de soledad,
donde te encuentras con otro yo desconocido hasta el momento.
Tras largas batallas aprendes a ver con tranquilidad el horizonte,
sin más pretensiones que vivir feliz.
Y vives disfrutando de cada paisaje, de cada imagen que tus pupilas captan,
imágenes que fotografías con la mirada, cada horizonte desde tu barca.
Vive el presente por si no existe un mañana,
porque la vida no se detiene, no cesa de regalarte un amanecer cada mañana.
Y cuando llegues a la orilla no olvides que cada sonrisa,
cada abrazo, cada beso… Es un regalo inmenso que te ofrece la vida.
Estoy de prestado, cada día para mí es un regalo.
Mañana la prueba de fuego,
mañana con mi traje de guerrera afrontaré lo que venga sin miedo,
porque así hay que vivir, sin miedo,
con un paso al frente y viviendo el momento presente…